26.11.05

La guerra y el espectaculo



Versión española de The War and the Spectacle.Traducción de Esther Quintana revisada por Ken Knabb (1999).

El montaje de la guerra del Golfo fue un claro ejemplo de lo que los situacionistas llaman el espectáculo — el desarrollo de la sociedad moderna hasta el punto en el que las imágenes dominan la vida. La campaña de relaciones públicas fue tan importante como la militar. La manera en que la táctica escogida fuese presentada en los medios de comunicación tenía un importante valor estratégico. No importaba tanto el valor “quirúrgico” del bombardeo como su cobertura por los medios de comunicación; si las víctimas no aparecían era como si no existieran. El efecto “Nintendo” funcionó tan bien que los eufóricos generales tuvieron que tomar precauciones contra el exceso de euforia general, por miedo a que cualquier fallo en su estrategia pudiera provocar una desilusión posterior. Las entrevistas con los soldados en el desierto revelaron que ellos, como los demás, dependían casi totalmente de los medios de comunicación para conocer lo que supuestamente estaba ocurriendo. El dominio de la imagen sobre la realidad fue percibido por todo el mundo. Una parte importante de la cobertura se dedicó a la “cobertura de la cobertura”. Dentro del espectáculo mismo se presentaron debates superficiales sobre el nuevo grado obtenido por la espectacularización universal instantánea y sus efectos sobre el espectador.
El capitalismo del siglo XIX produjo una alienación que separó a la gente de ellos mismos y de los demás al haberlos apartado previamente de los productos que generaban. Esta alienación fue en aumento a medida que estos productos se iban convirtiendo en espectáculos contemplados de forma pasiva. El poder de los medios de comunicación es sólo la manifestación más obvia de este desarrollo; en un sentido amplio, el espectáculo es todo lo que, desde el arte hasta los políticos, se ha convertido en “representaciones” autónomas de la vida. “El espectáculo no es una colección de imágenes, es una relación entre las personas mediatizada por las imágenes” (Debord, La Sociedad del Espectáculo).
Además de los beneficios del comercio de armas, del control del petróleo, de las luchas de poder internacionales y de otros factores que han sido tan ampliamente debatidos que no necesitan comentario alguno, la guerra implica contradicciones entre las dos formas básicas de la sociedad del espectáculo. En el espectáculo difuso la gente se encuentra perdida entre la variedad de exhibiciones, mercancías, ideologías y estilos distintos que se presentan para su consumo. El espectáculo difuso surge en sociedades donde reina la pseudoabundancia (EE.UU. es el prototipo y, de momento, el líder mundial indiscutible en producción de espectáculo, a pesar de su declive en otros aspectos), pero esta forma de espectáculo se extiende a través de los medios de comunicación a otras zonas menos desarrolladas, donde actúa como una auténtica forma de dominio.
El régimen de Sadam es un ejemplo de la forma opuesta: el espectáculo concentrado. En él se condiciona a la gente para que se identifique con la imagen omnipresente de su líder totalitario, en compensación por estar prácticamente privada de todo lo demás. Esta concentración de imágenes está normalmente asociada a una concentración de poder económico, capitalismo de estado, en el que el mismo estado se ha convertido en la única empresa capitalista propietaria de todo (tenemos ejemplos clásicos en la Rusia de Stalin y en la China de Mao); puede aparecer también dentro de las economías mixtas del tercer mundo (como el Irak de Sadam) o incluso, en época de crisis, dentro de economías altamente desarrolladas (como la Alemania de Hitler). Pero en conjunto, el espectáculo concentrado es un burdo recurso provisional para zonas que todavía no son capaces de sustentar la variedad de ilusiones del espectáculo difuso, y a la larga acaba por sucumbir a este último, que es más flexible (como ha pasado recientemente en Europa Oriental y en la Unión Soviética). Al mismo tiempo, la forma difusa tiende a incorporar ciertos rasgos de la concentrada.
La guerra del Golfo ha reflejado bien esta convergencia. El mundo cerrado del espectáculo concentrado de Sadam se diluyó bajo los focos globales del espectáculo difuso, mientras él usó la guerra como pretexto y campo de experimentación de tradicionales técnicas de poder típicamente “concentradas”: censura, puesta en marcha del patriotismo, supresión de la disidencia. Pero los medios de comunicación están tan monopolizados, son tan penetrantes y (a pesar de algunas quejas simbólicas) están tan al servicio de la política de los dirigentes, que los métodos abiertamente represivos apenas fueron necesarios. Los espectadores, que en realidad pensaban que expresaban sus propios puntos de vista, repetían como loros las frases propagandísticas y debatían asuntos secundarios que los medios de comunicación habían imbuido en ellos día tras día, y como en cualquier otro espectáculo deportivo “apoyaban” y animaban fielmente al equipo de casa en el desierto.
Este dominio de los medios estuvo reforzado por el propio condicionamiento interno del espectador. Cuando la gente está reprimida social y psicológicamente, es fácil atraerla a espectáculos de violencia, que permiten a sus acumuladas frustraciones explotar en orgasmos de orgullo y odio colectivo socialmente aceptables. Al estar privados de logros significativos en su propio trabajo y en su ocio, participan indirectamente de las empresas militares que tienen un indiscutible efecto real. Como carecen de una comunidad genuina, se emocionan ante la idea de compartir un proyecto común, aunque sólo sea el de luchar contra el mismo enemigo, y reaccionan con enfado ante cualquiera que contradice su imagen de unión patriótica. La vida del individuo puede ser una farsa, la sociedad puede estar descomponiéndose, pero todas las complejidades y dudas quedan temporalmente olvidadas en la seguridad personal que le procura la identificación con el estado.
La guerra es la expresión más fiel de lo que es el estado y es su refuerzo más poderoso. Así como el capitalismo debe crear necesidades artificiales para sus mercancías cada vez más superfluas, el estado debe crear sin cesar conflictos artificiales de intereses que requieran su violenta intervención. El hecho de que el estado casualmente provea unos cuantos “servicios sociales” camufla simplemente su naturaleza fundamental de “protector chantajista”. La guerra entre dos estados produce el mismo resultado final que si cada uno hubiera combatido a su propio pueblo, el cual tiene luego que pagar impuestos para los gastos. La guerra del Golfo fue un ejemplo especialmente horrendo: varios estados vendieron ávidamente miles de millones de dólares en armas a otro estado, después masacraron a cientos de miles de reclutas y civiles en nombre de una neutralización de su inmenso y peligroso arsenal. Las corporaciones multinacionales que son dueñas de estos estados pueden ahora ganar miles de millones de dólares reponiendo armamento y reconstruyendo los países que han arrasado.
Cualesquiera que sean las complejas consecuencias de la guerra en Oriente Medio, una cosa es cierta: el primer objetivo de todos los estados y de los que se están gestando, muy por encima de todos sus intereses discordantes, será aplastar o absorber cualquier movimiento popular auténticamente radical. En este tema, Bush y Sadam, Mubarak y Rafsanyani, Shamir y Arafat son todos cómplices. El gobierno americano, que hipócritamente insistió en que su guerra “no era contra el pueblo de Iraq sino contra su brutal dictador”, ha dado ahora “luz verde “ a Sadam para destruir y torturar a los iraquíes que se alzaron valientemente contra él. Algunos oficiales americanos admiten abiertamente que prefieren el mantenimiento de un régimen militar-policial en Iraq (con o sin Sadam) a cualquier forma de independencia democrática que podría “desestabilizar” la zona, es decir, que pudiera animar a sus vecinos a hacer lo mismo contra sus propios gobernantes.
En América el “éxito” de la guerra ha desviado la atención de los agudos problemas sociales que el sistema es incapaz de resolver, a la vez que ha reforzado el poder de las tendencias militaristas entre los dirigentes y la autocomplacencia de los espectadores patrióticos. Mientras estos últimos están ocupados observando las reposiciones de la guerra en los medios de comunicacion y exultantes ante los desfiles victoriosos, la cuestión más importante que nos queda por saber es qué hace la gente que percibe todo este entramado.

* * *

Lo más significativo en el movimiento contra la guerra del Golfo fue su inesperada espontaneidad y diversidad. En el espacio de unos días cientos de miles de personas de todo el país, la mayoría de las cuales nunca antes había estado en una manifestación, iniciaron o tomaron parte en sentadas, bloqueos, conferencias informales y en una gran variedad de acciones diversas. En febrero las organizaciones que habían convocado las marchas de enero — algunas facciones de los que normalmente habrían tendido a formar una “unidad popular” bajo su propia estructura burocrática — reconocieron que el movimiento estaba muy lejos de su control o de ser centralizado, y acordaron dejar las riendas a la iniciativa de las bases locales. La mayoría de los participantes habían considerado las grandes manifestaciones simplemente como puntos de encuentro, mientras permanecían mas o menos indiferentes ante las organizaciones oficialmente a cargo (a menudo ni siquiera se molestaban en escuchar sus peroratas). La interacción real no era entre el estrado y la audiencia sino entre los mismos individuos, que llevaban pancartas caseras, que repartían sus propios folletos, tocaban su música, hacían teatro en la calle, discutían sus ideas con amigos y extraños, y descubrían un sentido de comunidad frente a la locura.
Sería un triste despilfarro de energía si estas personas se convirtieran en simples números; si se dejasen embaucar en proyectos políticos de orden cuantitativo que reducen todo al mínimo común denominador; si pidieran monótonamente votos para elegir políticos “radicales” que inevitablemente los traicionarían; si se dedicasen a recoger firmas de apoyo de leyes progresistas que, aunque se aprueben, suelen tener poco efecto, a conseguir colegas para manifestaciones cuyo número será, de cualquier manera, rebajado o ni siquiera citado por los medios de comunicación. Si ellos quieren oponerse a un sistema jerárquico deben rechazar la jerarquía en sus propios métodos y relaciones. Si quieren acabar con el aletargamiento producido por este continuo espectáculo, deben usar su propia imaginación, sus propias ideas. Si quieren incitar a otros, ellos mismos deben arriesgarse a experiencias comprometidas.
Los que observaron la dinámica de la guerra se dieron cuenta, si no se habían dado antes, de lo mucho que los medios de comunicación falsean la realidad. La participación personal en el tema hizo este apercibimiento mucho más intenso. Tomar parte en una marcha por la paz de cientos de miles de personas y ver que se le dedica el mismo tiempo en los medios de comunicación que a una manifestación a favor de la guerra de unas docenas de personas es una experiencia instructiva. Te pone delante la extraña irrealidad del espectáculo, así como te hace cuestionar la conveniencia de las tácticas basadas en la propagación de puntos de vista radicales a través de los medios de comunicación. Incluso cuando la guerra estaba todavía en marcha, los manifestantes vieron que tenían que enfrentarse con estas cuestiones, y en incontables discusiones y simposios sobre “la guerra y los medios de comunicación” examinaron, no sólo las descaradas mentiras y el claro encubrimiento de información, sino los más sutiles métodos de distorsión utilizados: uso de imágenes cargadas de emoción, aislamiento de un hecho de su contexto histórico, limitar el debate a opciones “realistas”; presentar puntos de vista opuestos de manera trivial, personificación de complejas realidades (Sadam = Iraq); objetivación de las personas (“daños colaterales”), etc. Estos análisis continúan y están dando lugar a una verdadera industria de artículos, discursos y libros que analizan todos los aspectos de la falsificación que hacen los medios de comunicación.
Los más ingenuos ven estas falsificaciones como simples errores o desvíos que podrían ser corregidos si gente suficiente telefoneara para quejarse, o, en su lugar, presionaran a los medios de comunicación para que presentasen una gama más amplia de puntos de vista. En su aspecto más radical esta perspectiva se expresa en la limitada pero sugestiva táctica de formar piquetes frente a un medio concreto.
Algunos, conscientes de que los medios de comunicación están en manos de los mismos intereses que dominan el estado y la economía y así inevitablemente servirán a sus propios intereses, se concentran en divulgar a través de los medios de comunicación alternativos la información que se ha ocultado. Pero el exceso de información sensacionalista constantemente lanzada en el espectáculo es tan sofocante, que la revelación de una nueva mentira, escándalo o atrocidad, rara vez conduce a algo más que a incrementar la depresión o el cinismo.
Otros tratan de romper esta apatía recurriendo a técnicas de manipulación de la propaganda y la publicidad. Se cree, por ejemplo, que una película antimilitarista tiene un efecto “poderoso” si presenta un aluvión de los horrores de la guerra. El efecto real subliminal de tal descarga es si acaso pro-militarista. El espectador queda atrapado en una irresistible avalancha de caos y violencia (mientras permanece confortablemente sentado contemplándolo) y eso es precisamente lo emocionante de la guerra para los espectadores hastiados. Agobiar a la gente con una rápida sucesión de imágenes que tocan puntos sensibles sólo les confirma en su habitual sensación de incapacidad ante un mundo mas allá de su control. Espectadores con una máxima capacidad de atención de treinta segundos pueden quedar momentáneamente invadidos por una repulsión hacia la guerra a causa de las imágenes de niños bombardeados con napalm, pero también pueden fácilmente dejarse llevar por un arrebato fascista a la vista de otras imágenes al día siguiente — por ejemplo, imágenes de personas que queman una bandera.
A pesar de sus mensajes aparentemente radicales, los medios de comunicación alternativos han reproducido generalmente la relación dominante espectáculo-espectador. Lo importante es socavarla — combatir en primer lugar el condicionamiento que hace a la gente susceptible de ser manipulada por los medios de información. Lo cual significa en definitiva combatir la organización social que produce este condicionamiento, y que convierte a las personas en espectadoras de aventuras prefabricadas porque se les ha impedido crear las suyas.
BUREAU OF PUBLIC SECRETS 3 abril 1991



4.11.05

El «ciclo» de la producción inmaterial (Maurizio Lazzarato)

Artículo aparecido en el número 4 de la revista Derive Approdi, en la primavera de 1994.
Trataremos de mostrar cómo el proceso de valorización tiende a identificarse con el proceso de producción de la comunicación social y cómo los dos momentos (la valorización y la comunicación) tienen inmediatamente una dimensión social y territorial
En dos artículos publicados en la revista "Futur Antérieur", hemos empezado a analizar y construir el concepto de trabajo inmaterial desde un punto de vista que podríamos definir, por así decirlo, como "micro-económico". Si ahora lo consideramos en la globalidad del ciclo de producción, del que es el momento estratégico, nos revelará una serie de características de la producción post-taylorista que aún no han sido tomadas en consideración.
En particular, trataremos de mostrar cómo el proceso de valorización tiende a identificarse con el proceso de producción de la comunicación social y cómo los dos momentos (la valorización y la comunicación) tienen inmediatamente una dimensión social y territorial. El concepto de trabajo inmaterial tiene como presupuesto y resultado una ampliación de la "cooperación productiva" que llega a incluir la producción y la reproducción de la comunicación y por ello de su contenido más importante: la subjetividad. Si el fordismo integraba el consumo en el ciclo de reproducción del capital, el posfordismo integra la comunicación. Desde el punto de vista estrictamente económico el ciclo de reproducción del trabajo inmaterial desplaza a la relación producción/consumo definida tanto por el "círculo virtuoso keynesiano" como por los esquemas de reproducción marxistas del Libro II de "El Capital". Ahora bien, más que hablar de vuelco de la "oferta y la demanda", habría que hablar de una redefinición de la relación producción/consumo. El consumidor está inscrito en la fabricación del producto desde su concepción. El consumidor ya no se limita a "consumir" una mercancía (a destruirla en el acto de consumo). Por el contrario, su consumo debe ser productivo de las condiciones de las nuevas producciones. El consumo es, entonces, sobre todo un consumo de información. El consumo ya no es sólo la "realización" de un producto, sino un verdadero proceso social que por el momento definimos con el término "comunicación".
La gran industria y los servicios
Para poner de relieve las nuevas características del "ciclo de producción del trabajo inmaterial" las compararemos con la producción de la gran industria y los servicios. Si el ciclo de la producción inmaterial nos muestra inmediatamente el secreto de la producción pos-taylorista (a saber, que la comunicación social y la relación social que la constituye se vuelven productivas), es interesante verificar cómo estas nuevas relaciones sociales inervan también la industria y los servicios. Y cómo obligan a reformular y reorganizar además las formas clásicas de la "producción".
La gran industria: la empresa y la economía post-industriales se basan en el tratamiento de la información. Más que asegurar (como hacía aún la empresa del siglo XIX) el dominio de la cuna de su producto y el control de los mercados de las materias primas (el trabajo incluido), la empresa se plantea una estrategia de dominio de la desembocadura del proceso de producción: la venta y la relación con el consumidor. Se vuelve más hacia la comercialización y la finaciación que hacia la producción. Antes de fabricarse, un producto debe estar vendido (incluso en una industria "pesada" como la industria del automóvil, un coche sólo empieza a producirse una vez que las redes de venta dan la orden). Esta estrategia descansa sobre la producción y el consumo de información. Moviliza importantes estrategias de comunicación y marketing para recoger la información (conocer las tendencias del mercado) y hacerla circular (construir un mercado). En el modo de producción taylorista/fordista, introduciendo el consumo de masa de mercancías estandarizadas, Ford podía decir aún que "el consumidor podía elegir entre un modelo T5 negro y otro T5 negro". "Hoy la mercancía estandard ya no vale como receta y la propia industria del automóvil, que fue la campeona de la gran serie "poco más o menos", querría vanagloriarse de haberse convertido además en el soporte de una neo-industria de la singularización" y la calidad. Para la mayoría de las empresas, la supervivencia pasa por la búsqueda permanente de nuevas almenas comerciales que llevan a la declinación de gamas de productos cada vez más amplias y diferenciadas. La innovación ya no sólo está subordinada a la racionalización del trabajo, sino también a imperativos comerciales. Parece entonces que la mercancía pos-industrial es el resultado de un proceso de creación que implica tanto al productor como al consumidor.
Los servicios: Si de la industria propiamente dicha pasamos a los "servicios" (los grandes servicios bancarios, aseguradoras, etc), las características del proceso que acabamos de describir aparecen con mayor claridad aún. Se trata de dos exposiciones hechas en el seminario sobre el "Concepto de trabajo en el umbral del siglo XXI". Aquí seguiremos los trabajos de Christian du Tertre, para quien no estamos tanto a punto de asistir a un ascenso de los servicios, sino más bien a un desarrollo de las "relaciones de servicio". La superación de la organización taylorista de los servicios se caracteriza por la integración de la relación entre producción y consumo, es decir, que el consumidor interviene de manera activa en la constitución del producto. El producto "servicio" se vuelve una construcción social y un proceso social de "concepción" e innovación. En los servicios, las tareas de "back-office" (el trabajo clásico de los servicios) disminuyen, mientras que aumentan las tareas de "front-office" (las relaciones con los clientes). Hay pues una movilización de los recursos humanos que se vuelve hacia el exterior de la empresa. Du Tertre nos dice que cada vez más el producto tratado por la empresa de servicios se caracteriza como producto inmaterial y cada vez más nos alejamos del modelo industrial de organización de la relación producción/consumo. El cambio de la relación entre consumo y producción tiene consecuencias directas sobre la organización del trabajo taylorista de producción de los servicios pues pone en discusión al mismo tiempo el contenido del trabajo y la división del trabajo (la relación concepción/ejecución pierde su carácter unilateral). Si el producto se define con la intervención del consumidor, y por tanto está en evolución permanente, cada vez es más difícil definir normas de producción de servicio y establecer una medida "objetiva" de la productividad.
El trabajo inmaterial: Todas estas características de la economía pos-industrial (presentes tanto en la industria como en el terciario) se ven acentuadas en la forma de la producción "inmaterial" propiamente dicha. La producción audiovisual, la moda, la producción de aplicaciones, el acondicionamiento del territorio, etc, se ven definidos por la relación particular que mantiene la producción con su mercado y sus consumidores. El índice de audiencia y la producción audiovisual, la publicidad y sus "blancos", son los ejemplos propios de la integración del consumo en la producción. Aquí, el alejamiento del modelo taylorista es máximo.
El trabajo inmaterial se ve en el cruce (es el interface) de la nueva relación producción/consumo. El trabajo inmaterial activa y organiza la relación producción/consumo. La activación, tanto de la cooperación productiva como de la relación social con el consumidor, se materializa en y mediante procesos de comunicación. El trabajo inmaterial innova continuamente la forma y las condiciones de la comunicación (y por tanto del trabajo y del consumo). Da forma y materializa las necesidades, el imaginario, los gustos del consumidor y estos productos se convierten a su vez en poderosos productores de necesidades, de imaginarios, de gustos. La particularidad de la mercancía producida por el trabajo inmaterial consiste en el hecho de que no se destruye en el acto de consumo, sino que amplía, transforma, crea el medio ambiente ideológico y cultural del consumidor. No reproduce la capacidad física de la fuerza de trabajo, transforma a su utilizador.
Aquí, la producción del "exceso" capitalista, la forma de la "autoproducción" del capital asume una nueva forma. Nos hallamos frente a un vuelco y un desplazamiento de la dialéctica producción/consumo tal y como la define Marx en la Einleitung (Introducción) de 1857. La "necesidad de consumir, la capacidad de consumir, la pulsión de consumir", ya no son producidas indirectamente por el objeto (producto), sino directamente por dispositivos específicos que tienden a identificarse con el proceso de constitución de la "comunicación social". La publicidad es la producción de la "capacidad de consumo, del impulso al consumo, de la necesidad de consumir" que se ha vuelto un "proceso de trabajo". El trabajo inmaterial produce, en primer lugar, una "relación social" (una relación de innovación, de producción, de consumo) y sólo si logra esta reproducción su actividad tiene un valor económico. Esta actividad muestra de inmediato lo que "ocultaba" la producción material: a saber, que el trabajo no sólo produce mercancías, sino ante todo la relación de capital.
Si la producción es hoy directamente producción de la relación social, la "materia prima" del trabajo inmaterial es la subjetividad y el medio ambiente "ideológico" en y a través esta subjetividad vive y se reproduce. La producción de subjetividad deja entonces de ser tan sólo un instrumento de control social (para la reproducción de las relaciones de mercado) y se vuelve directamente productiva, pues en nuestra sociedad pos-industrial su objetivo es construir al consumidor/comunicador. Y construirle "activo". Los trabajadores inmateriales (que trabajan en la publicidad, en la moda, en el marketing, en la tele, en la informática, etc) satisfacen una demanda del consumidor y al mismo tiempo la instituyen. Que el trabajo inmaterial produce al mismo tiempo subjetividad y valor económico tan sólo demuestra en qué medida la producción capitalista ha asaltado a la totalidad de la vida y ha roto todas las oposiciones entre economía, poder y saber. Aquí, el proceso de comunicación social (y su contenido principal, la producción de subjetividad) se vuelve directamente productivo porque en cierta medida "produce" la producción. El proceso a través del cual lo "social" (y lo más social que hay, a saber, el lenguaje, la comunicación, etc) se vuelve "económico", no ha sido estudiado lo suficiente. En efecto, podemos hallar, por un lado, un análisis de la producción de subjetividad definida como "proceso" constitutivo específico de la "relación consigo mismo" frente a las formas de producción propias al saber y al poder (como en determinada filosofía francesa pos-estructuralista), pero que nunca se cruza con las formas de valorización capitalista. Por otro lado, un amplio análisis de la "forma social de la producción" se desarrolló en los años 80 por parte de los economistas y sociólogos de las redes (y antes por parte del "pos-operaismo" (pos obrerismo) italiano, pero que no integra a la producción de subjetividad como contenido de la valorización. Ahora bien, el modo de producción pos-taylorista se define precisamente porque pone a trabajar a la subjetividad tanto en la activación de la cooperación productiva como en la producción de los contenidos "culturales" de la mercancía.
El modelo estético
Pero, ¿cómo se forma el proceso de producción de la comunicación social? ¿Cómo se da la producción de subjetividad en el interior de este proceso? ¿Cómo la producción de subjetividad se vuelve producción del consumidor/ comunicador y de su capacidad de consumir y comunicar? ¿Qué papel tiene el trabajo inmaterial en este proceso?
Como ya hemos dicho, nuestra hipótesis es la siguiente: el proceso de producción de la comunicación tiende a volverse inmediatamente proceso de valorización. Si en otro tiempo la comunicación era organizada, fundamentalmente, por el lenguaje, la producción ideológica y literaria/artística y sus instituciones, hoy, asaltadas por la producción industrial, es reproducida mediante formas tecnológicas específicas (tecnologías de reproducción del saber, del pensamiento, de la imagen, del sonido, del lenguaje) y mediante formas de organización y "management" que traen consigo un nuevo modo de producción.
Para tratar de aprehender el proceso de formación de la comunicación social y su subsunción por parte de lo "económico", utilizaremos, más que el modelo de la producción "material", el modelo de la producción "estética" (autor/reproducción/recepción). Este modelo contiene especificidades que la utilización de las categorías económicas correría el riesgo de oscurecer y que, como veremos, constituyen las "diferencias específicas" del modo de producción pos-taylorista
. El modelo de la producción "estética/ideológica" será transformado en un pequeño modelo sociológico con todos los límites y constricciones que la transformación sociológica trae consigo. El modelo autor/reproducción/recepción necesita una doble transformación: en primer lugar, los tres momentos de este proceso de creación deben caracterizarse inmediatamente por su forma social; en segundo lugar, los tres momentos deben comprenderse como las articulaciones de un verdadero ciclo de producción.
El "autor" pierde su dimensión individual y se transforma en un proceso de producción organizado industrialmente (con división del trabajo, inversiones, mando, etc), la "reproducción" se vuelve una reproducción de masa organizada según los imperativos de la rentabilidad, el público (recepción) tiende a volverse consumidor/comunicador
. En este proceso de socialización/subsunción en lo económico de la actividad intelectual el producto "ideológico" tiende a asumir la forma de la mercancía. Pero hay que subrayar que la subsunción de este proceso bajo la lógica capitalista y la transformación de sus productos en mercancía no suprimen la especificidad de la producción estética, a saber, la relación de creación entre autor y público.
Las diferencias específicas del ciclo del trabajo inmaterial
Subrayamos brevemente las diferencias específicas de los "momentos" que componen el ciclo de producción del trabajo inmaterial (el propio trabajo inmaterial, sus "productos ideológicos/mercancías" y el "público/consumidor") en relación a la forma clásica de reproducción del "capital":

1) Del trabajo inmaterial como "autor" hay que subrayar la radical autonomía de las sinergias productivas. La actividad del trabajo inmaterial nos obliga a poner en discusión las definiciones clásicas de "trabajo" y "fuerza de trabajo", pues resulta de una síntesis de diferentes tipos de savoir-faire (el de las actividades intelectuales en lo que atañe al contenido cultural-informativo, el de las actividades manuales para la capacidad de unir creatividad, imaginación y trabajo técnico y manual, el de las actividades empresariales para la capacidad de management, de relaciones sociales y de estructuración de la cooperación social de la que forma parte). El trabajo inmaterial se constituye en formas inmediatamante colectivas y sólo existe, por así decirlo, en forma de redes y flujos. La sumisión a la lógica capitalista de la forma de la cooperación y del "valor de uso" de esa "actividad", no suprime la autonomía y la independencia de su constitución y su sentido. Por el contrario, abre antagonismos y contradicciones que, como mínimo, por retomar una fórmula marxista, exigen una "nueva forma de exposición".
2) El "producto ideológico" se vuelve a todos los efectos una mercancía. Aquí, "ideológico" no caracteriza el producto como "reflejo" de la realidad, como falsa o verdadera consciencia de la realidad. Por el contrario, los productos ideológicos producen nuevos estratos de la realidad, son un crecimiento de la potencia de conocimiento y acción del ser humano. Nuevas maneras de ver, de sentir, exigen nuevas tecnologías y nuevas tecnologías exigen nuevas formas de sentir y de ver. Los productos ideológicos son completamente internos a los procesos de formación de la comunicación social, a saber, son al mismo tiempo los resultados y los presupuestos de este proceso. El conjunto de los productos ideológicos constituye el medio ambiente ideológico del ser humano. Los productos ideológicos que se transforman en mercancías no pierden su especificidad, a saber, el hecho de que siempre se dirigen a alguien, de que son "idealmente significantes", y plantean por ello el problema del "sentido".
3) El público tiende a volverse el modelo mismo del consumidor (público/cliente). El público (en el sentido de auditorio: el lector, el que escucha música, el público de la tele, etc) al que se dirige el autor tiene como tal una doble función productiva: en un momento, en la medida en que es al que se dirige el producto ideológico y que en tanto que tal es un elemento constitutivo de la "obra" y, en otro momento, a través de la recepción mediante la cual el producto "halla un lugar en la vida" (es integrado en la comunicación social) que le hace vivir y evolucionar. Entonces, desde este punto de vista, la recepción es un acto creativo y es parte integrante del producto. La transformación del producto en mercancía no puede suprimir este doble proceso de "creatividad" que debe asumir en cuanto tal y tratar de controlar y someter a sus valores.
4) Los valores y la genealogía de la innovación. Lo que la transformación del producto en mercancía no puede suprimir es entonces el carácter de acontecimiento, el proceso abierto de creación que se instaura entre el trabajo inmaterial y el público, y que es organizado por la comunicación. Si la innovación en la producción inmaterial es introducida por este proceso abierto de creación, el empresario, para alimentar el consumo por el consumo y su perpetua renovación, se verá obligado a tomar de los "valores" que el público/consumidor produce. Estos valores presuponen maneras de ser, modos de existencia, formas de vida que sirven de principio a los valores. De estas consideraciones se desprenden dos consecuencias principales:
a) Los valores son "puestos a trabajar". La transformación del producto ideológico en mercancía desvía el imaginario social que se produce en las formas de vida, pero al mismo tiempo la producción mercantil debe declararse impotente en cuanto a su producción.
b) Sólo las formas de vida (en sus formas colectivas y cooperativas) son la fuente de la innovación.

El análisis de los diferentes "momentos" del ciclo del trabajo inmaterial nos permite avanzar la hipótesis de que lo que es "productivo" es el conjunto de la relación social (representada aquí mediante la relación autor-obra-público) según modalidades que implican directamente el "sentido". La especificidad de este tipo de "producción" no sólo deja su huella en la "forma" del proceso de producción al establecer una nueva relación entre producción y consumo, sino que plantea una problema de legitimidad a la apropiación capitalista de este proceso. Esta cooperación no puede pre-determinarse en ningún caso por parte de lo económico, pues se trata de la vida misma de la sociedad. Lo "económico" sólo puede apropiarse de las formas y los productos de esta cooperación, normalizarlos y estandarizarlos. Los elementos creativos, de innovación, están estrechamente ligados a los valores que tan sólo producen formas de vida. La creatividad y la productividad en las sociedades pos-industriales descansan en una dialéctica entre, por un lado, formas de vida y los valores que producen, y por otro, la actividad de los sujetos que las constituyen. La legitimación que el empresario (schumpeteriano) hallaba en su capacidad de innovación se ve privada de su fundamento. Como no produce la forma y el contenido del trabajo inmaterial, tampoco produce la innovación. A lo económico sólo le queda la posibilidad de gestionar y reglamentar la actividad del trabajo inmaterial y crear dispositivos de control y de creación del público/consumidor a través del dominio sobre las tecnologías de la comunicación y la información y sobre sus procesos de organización.
Creación y trabajo intelectual

Para terminar, estas breves consideraciones nos permiten poner en discusión el modelo de creación y difusión del trabajo intelectual y superar el concepto de creatividad como expresión de las "individualidades" o como patrimonio de clases "superiores". Los trabajos de Simmel y Bakhtine, concebidos en el momento en que la producción inmaterial empieza a volverse "productiva", nos presentan dos maneras completamente diferentes de considerar la relación entre trabajo inmaterial y sociedad. El primero, el de Simmel, permanece por completo dentro de la división entre trabajo manual e intelectual y nos da una teoría de la creatividad del trabajo intelectual. El segundo, el de Bakhtine, al rechazar asumir la división capitalista del trabajo como algo evidente, elabora una teoría de la creatividad social. En efecto, Simmel explica el funcionamiento de la "moda" mediante fenómenos de imitación/distinción reglamentados y dominados mediante relaciones de clase. De este modo, las capas superiores de las clases medias elaboran la moda y las clases inferiores tratan de imitarla. La moda funciona aquí como una barrera que se levanta sin cesar por que sin cesar es derribada. Lo que es interesante para nosotros es que, según esta concepción "el trabajo inmaterial" de creación está completamente encerrado en un grupo social y sólo se difunde por imitación. Más profundamente, este modelo acepta la división del trabajo basada en la oposición trabajo manual/intelectual que tiene como finalidad reglamentar y "mistificar" el proceso social de creación e innovación. Aunque este modelo podría tener alguna probabilidad de corresponder a las dinámicas del mercado del trabajo "inmaterial" en el momento del nacimiento del consumo de masa (cuyos efectos anticipa Simmel con mucha inteligencia), tal vez no pueda utilizarse para dar cuenta de la relación trabajo-inmaterial-consumidor-público en las sociedades pos-industriales. Bakhtine, por el contrario, define el trabajo inmaterial como superación de la división entre "trabajo material/trabajo intelectual" y nos muestra la creatividad como proceso social.

23.10.05

El mito democratico de la fuerzas armadas venezolanas

(Texto extraido de www.contrapoder.org.ve)
LAS FUERZAS ARMADAS VENEZOLANAS
Uno de los mitos recurrentes del modelo político vigente reside en definir a las fuerzas armadas venezolanas como democráticas. El primer magistrado con frecuencia expresa loas para los uniformados y sus criterios son eminentemente militaristas. Su visión del mundo es desde la óptica castrense y de allí su preferencia por los oficiales para administrar al país.
No obstante, esa idea es realmente ideológica. Lo afirmo empleando este último término en sentido estricto, vale decir, con su significado como versión falaz de la realidad impuesta por los detentadores del poder. Pienso que sostener la democratización de nuestros militares es ilusorio o en el mejor de los casos, una ingenuidad.

1. EL EJÉRCITO ACTUAL NO ES EL LIBERTADOR.
Hugo Chávez siempre trata de identificar a los actuales administradores de la violencia del Estado con el ejército de Simón Bolívar. Haciendo abstracción de una estimación crítica de la conducta de los oficiales que dirigieron el proceso de independencia en tanto expulsaron a los peninsulares y fundaron una nación con un conjunto de aberraciones intrínsecas, no hay ningún parangón en tal juicio de valor.
En efecto, las formaciones guerreras de la revolución independentista o secesionista como la denominan algunos historiadores, fueron orientadas a la exportación del proyecto del Libertador. Así, se dirigieron desde la República de Colombia hacia el sur, ocupando Quito y Guayaquil antes de la histórica entrevista con José de San Martín. Siguieron a Perú donde enfrentaron a la vetusta oligarquía limeña y lograron liberar el Alto Perú creando una nueva nación, Bolivia. Incluso, en el Portete de Tarqui el Mariscal de Ayacucho tuvo que liquidar la invasión peruana en una brillante jornada. Hasta allí el alcance emancipador de aquel ejército.
Ulteriormente, al hacerse trizas las ideas integradoras al morir Simón Bolívar presenciamos cómo los cuadros superiores militares se apropiaron de todos estos países. El movimiento de la Cosiata dirigido por Miguel Peña con José Antonio Páez como punta del iceberg en Valencia, el golpe de Estado de Francisco de Paula Santander sobre Rafael Urdaneta en Bogotá, la irrupción del general nativo de Puerto Cabello Juan José Flores en Ecuador; y las cúpulas hispanizantes de Lima, demostraron la poca perspectiva histórica de los otroras valientes combatientes por la libertad. Literalmente se repartieron cada segmento de la zona nor - occidental de América del Sur.
De tal manera que existen muy pocos o ningún elemento de vinculación entre los escuadrones venezolanos que combatieron ininterrumpidamente contra otros nacionales y los españoles, entre 1811 y 1830, y la actual fuerza armada.

2. INICIO DE LAS FUERZAS ARMADAS CONTEMPORÁNEAS.
Realmente las milicias contemporáneas nacen con el proceso centralizador regulado por Juan Vicente Gómez. Ya había un antecedente cuando Cipriano Castro derrotó con menos de la mitad de sus efectivos al banquero José Manuel Matos en la Victoria. Este hecho lo aprecia el general Alberto Müller Rojas en su obra “Tiempo de Revoluciones” como el acto fundacional del ejército presente. El Benemérito, luego de asfixiar los movimientos y caudillos regionales federales, creó un Estado omnipotente y para ello consolidó un sistema impositivo nacional, una administración pública rígida orientada desde el centro del país y por supuesto, un aparato militar bien concentrado.
El líder de La Mulera trajo desde Chile a un oficial prusiano llamado Sarría Mac Gill, quien con sus criterios inflexibles hizo una fuerza armada a su imagen y semejanza. La génesis castrense contemporánea está muy bien explicada por el profesor Ángel Ziem en su conocido texto sobre su formación y la ubica en esta época histórica al igual que Domingo Alberto Rangel. Esta organización castrense mejoró en su operatividad y con las administraciones de López Contreras y Medina Angarita se movilizó una verdadera logia militar que dio al traste con la gestión del último y en alianza con Acción Democrática dominó durante el trienio de 1945-1948. Seguidamente se desembarazaron del partido del pueblo para administrar ellos solos, lo cual consiguieron hasta el 23 de enero de 1958.

3. PUNTOFIJISMO Y UNIFORMADOS.
Con el advenimiento del proyecto populista del Pacto de Puntofijo, Rómulo Betancourt hubo de luchar con los agentes castrenses heredados de la dictadura perezjimenista. Era evidente que el órgano de seguridad del Estado, la espantosa Seguridad Nacional, se había disuelto pero el ejército del hombre de Michelena seguía siendo el mismo, al punto que un oficial de su administración (presidió el Círculo Militar y el Instituto Nacional de Deportes), el Contralmirante Wolfgang Larrazábal, era el personero más importante de la Junta que le sucedió. Incluso dos altos oficiales del régimen derrocado, el “Turco” Casanova y Romero Villarte integraron ese mismo organismo pero el movimiento popular logró defenestrarlos para colocar a Eugenio Mendoza y Blas Lamberti, conspicuos representantes del gran capital, quienes presionaron para cobrar las acreencias contra el Estado venezolano imposibles de negociar en los mercados internacionales por la crisis existente.
Ante unos administradores de la violencia del Estado seguidores del golpismo tradicional y con un accionar vehemente como lo demuestra el atentado de los Próceres, el gobierno blanquiverde debía tomar iniciativas. Los gorilas de la época no veían con buenos ojos a la coalición del denominado Club del Caribe (Pepe Figueras en Costa Rica, Muñoz Marín en Puerto Rico, Prío Socarrás en Cuba, Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú y el napoleón de Guatire en Venezuela), pero la aversión hacia izquierdismo, socialismo, comunismo o algo parecido, era infinitamente mayor. No podemos olvidar la formación gringa de todos estos ejércitos.
Así las cosas, Betancourt comienza a disparar un discurso macartista buscando nuclear a su alrededor al espectro golpista. Con tal fin provocó a la izquierda, representada en el Partido Comunista y los sectores radicales de Acción Democrática y U.R.D.. El ametrallamiento de una manifestación de desempleados en la Plaza Concordia fue el primer paso de este plan. Nuestra izquierda fue siempre muy dependiente de los centros de poder internacional del bloque socialista y en especial de la Unión Soviética. El Browderismo apagó a los comunistas en toda Latinoamérica y debido a esta razón se produjo el auge de la socialdemocracia, todo en función de la alianza antifascista con los aliados que generó una postergación de cualquier clase de proyectos.
Por supuesto, el Departamento de Estado y el Pentágono acudieron en auxilio de la idea romulera. Así, a la Escuela de las Américas, un centro de torturas muy especializado, asistieron muchos oficiales cuyos conocimientos en esta área fueron puestas en práctica en los Teatros de Operaciones con el abyecto saldo de torturados, desaparecidos, detenidos ilegalmente y muertos. Los campos de concentración de la Isla de Burro (llamada irónicamente Rafael Caldera), Cachipo, Cogollar y otros que escapan a mi memoria, fueron escenarios de estos aprendizajes.
No costó mucho la confrontación porque pequeños grupos de la siniestra (Tirángulo Negro, el F.U.L, el Directorio Revolucionario Venezolano-Direve) presionaron para irse a la montaña a reeditar la experiencia de la Sierra Maestra. Después el P.C.V., el M.I.R. y ciertos segmentos urredistas como el de Fabricio Ojeda, tomaron el camino de la lucha armada rural en un país eminentemente urbano. La derrota fue la crónica de una muerte anunciada pero el proyecto populista incorporó al factor de poder más importante, el de las armas. Con esta actividad el puntofijismo alcanzó colocar a los militares alrededor de su modelo.
Comentario aparte merece las insurrecciones del año 1962 conocidas como el “Carupanazo” y el “Porteñazo”, acaecidas el 4 de mayo y el 2 de junio de ese año. Ciertamente, se trató de un grupo del aparato militar del partido comunista insurgentes en dos centros de la armada. Ambas acciones fracasaron militarmente y se lesionó fuertemente al sector de izquierda dentro de la milicia. No fueron acciones coordinadas con las guerrillas y aisladas fueron derrotadas.
No significan de ninguna manera alteración a considerar a nuestro ejército como una entidad al servicio de los intereses transnacionales. Durante el inicio del régimen populista se alinearon incondicionalmente con los Estados Unidos. Posteriormente siguen en la misma formación como lo expreso en el curso de este trabajo.

4. INUTILIDAD DE LA ALIANZA CÍVICO-MILITAR.
Es verdad que inicialmente los comunistas intentaron penetrarlo y después Ruptura trabajó en esa orientación manejando la tesis de una combinación de civiles y militares con un aparente éxito. Sin embargo, si uno observa a los oficiales al servicio del régimen chavista puede ver la inexistencia de diferencias respecto a la praxis de los militares del puntofijismo.
La victoria sobre la izquierda luego de ciertas escaramuzas agotó el peligro del comunismo en los uniformados. Era necesario formular un nuevo esquema para mantenerlos tranquilos. La bonanza petrolera después del embargo árabe en 1973 brindó la oportunidad. La corrupción fue el vector para sedar a esta sección de la sociedad venezolana y la Comisión de Defensa del Senado fue el eje de esta etapa. Ese organismo, facultado constitucionalmente para ascender a los oficiales desde Coronel y Capitán de Navío, fue dominado por los adecos y los copeyanos, quienes administraron los ascensos con criterios partidistas y sobornos mediante.
Al colapsar el clientelismo venezolano por la baja del precio del crudo se hizo aguas el sistema. Esta circunstancia también influyó en la conducta de las fuerzas armadas donde se apreció un ostensible malestar. Pero previamente los militares realizaron un horripilante genocidio el 27 de febrero de 1989. A quince años de hacerse tangible reina aún la impunidad amén de desconocerse el destino de muchas personas asesinadas de la manera más olímpica. La primera gran insurrección contra la globalización fue ahogada en sangre.
La masacre de El Amparo fue otra ocasión en la cual los militares y policías violentaron los derechos humanos. A pesar de haber sentencia de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos donde se ordena la indemnización de los daños por los difuntos se ha cumplido a medias y no hay responsabilidad penal de los causantes de esta tragedia. En la misma decisión se ordena la reforma del Código de Justicia Militar por su lesión al derecho a la defensa, lo cual no se ha llevado a cabo. Nuestra historia contemporánea conoce de varias razzias como las de Cantaura y Yumare, sin sanción alguna.

5. NUESTROS MILITARES NO SON NADA INSTITUCIONALES.
El ruido de sables emergió cuando un grupo mecanizado hizo un raro movimiento cerca del Ministerio de Relaciones Interiores siendo presidente interino Simón Alberto Consalvi por un viaje de Jaime Lusinchi. Se conoció que el Teniente Coronel Ortiz Acosta dirigió esta extraña actuación denunciada por Eduardo Fernández como un golpe de Estado técnicamente hablando.
Luego ocurrieron las dos rebeliones del año 1992, caracterizadas por ser muy ortodoxas con escasa participación civil. El colmo del 4 de febrero fue no haber tomado ningún medio de difusión de masas. Sus resultas fueron dos derrotas en el ámbito de las armas pero devenidas en victorias políticas y electorales.
En esa época ya circulaba una investigación del Coronel José Machillanda, “El Poder Militar y Poder Político en Venezuela”, obra donde ubicó a la sociedad venezolana como cuasi castrense porque a pesar de no existir un régimen militar el estamento castrense tenía un diáfano privilegio por encima de los demás.
Con la asunción del gobierno por parte de Chávez no se avizora ningún cambio sustancial dentro de los administradores de la violencia del Estado. Antes por el contrario, su primer ministro de la defensa fue un oficial de absoluta confianza de Washington, el general Raúl Salazar. Los cuadros superiores de los armados siempre han sido ocupados por personas con una aproximación a los intereses hemisféricos de los Estados Unidos. La actividad de nuestros militares está alineada sin condiciones al lado del Tío Sam.
La anterior trayectoria ha estado cubierta por una normativa ad-hoc. Primero fue la viciada praxis de enjuiciar a civiles por delitos militares. Además, el Código de Justicia Militar es un texto legal realizado para hacer expedito el enjuiciamiento de los reos. Se potencia exacerbadamente al juez al poder dictar detención preventiva con un solo indicio y hay un estadio procesal en el cual el Presidente de la República puede ordenar el sobreseimiento o la continuación del proceso por encima de un “autónomo poder judicial”. Es un dinosaurio jurídico mantenido a toda costa a pesar de haber caído el Muro de Berlín.
Durante el actual mandato han ocurrido algunos incidentes como el del Teniente Sicatt, quien quemó a dos subalternos así como varias muestras de maltratos y homicidios de conscriptos por parte de oficiales. Empero, creo estar en presencia de un nuevo 27 de febrero de 1989 ahora en el mismo mes pero de 2004. La reacción en las calles por parte de quienes desean un referéndum fue liquidada con balas, perdigones, lacrimógenas y toda clase de proyectiles, recordando épocas que se creían formaban parte del pasado.
Puedo concluir sin ninguna sorpresa, que la agresividad de la Guardia Nacional el viernes 27 de febrero del presente año no es accidental. Se corresponde con un modo de ser autoritario de las fuerzas armadas nacionales. Constituye el mismo cuerpo pretoriano de C.A. Pérez ahora con mayor participación en la conducción del Estado. Los cambios cumplidos se reducen al reemplazo de unos hombres por otros. Hemos ascendido del nivel ocupado por los hombres armados en el seno de la sociedad. Ya no es cuasi sino muy militarizado el Estado en todas sus dimensiones.

6. MITOS FABRICADOS.
El mito de unas fuerzas armadas democráticas e institucionales está desmoronándose porque no ha existido nunca en el país. Se trata de una formación pétrea al servicio de la gestión de turno y por sobre toda las cosas, del modelo político, socio-económico y cultural reinante en estos tiempos de globalización. Es un ejército con un puesto específico dentro del proyecto de colaboración de poderes inicialmente construido por Betancourt y ahora ocupando un espacio como factor de poder fundamental en un país donde no existe democracia sino una caricatura de gobierno popular.
La manida tesis de la alianza cívico militar ha tenido un empleo perverso como es el de haber consolidado un proyecto cupular basado en la colaboración de algunos factores de poder internos articulados con los mundiales para mantener la demencia significada por la mundialización de la economía con su gran proeza, la exclusión social con sus componentes de hambre, miseria y desempleo.
Por las consideraciones precedentes es difícil si no imposible contar con el componente armado para construir un modelo societario diferente. Representa un medio fundamental para el sostenimiento de un régimen caracterizado por el autoritarismo y no simboliza absolutamente un ente institucional por la misma razón de reinar una estructura de poder fundada en la esencia gomecista. No es el pueblo en armas sino el pueblo bajo las armas.


HUMBERTO DECARLI R.

13.10.05

La ultima derrota del movimiento estudiantil, examinada desde una perspectiva materialista e historica

(Extraido desde www.nucleodeira.cjb.net)

“Cuando el socialismo burgués exhorta al proletariado a hacer realidad sus sistemas y entrar en la nueva Jerusalén, todo cuanto reclama es, en el fondo, que se detenga en la sociedad actual, pero despojándose de las ideas hostiles que abriga respecto a ella” – Marx & Engels, Manifiesto del Partido Comunista, 1847.

De todo lo que se ha escrito sobre las recientes agitaciones estudiantiles, sólo unos pocos grupos han abordado el tema con una intención realmente crítica. Y aunque sus análisis contienen algunos aciertos, éstos sólo se quedan en aspectos parciales de la última movilización. Los estudiantes trotskistas de LAC, por ejemplo, han ofrecido una visión acertada sobre el papel reaccionario de las burocracias estudiantiles, y además tienen el mérito de atreverse a llamar “derrota” al resultado de la última oleada de agitación; mientras que un desconocido grupo llamado Precariado Rebelde tuvo la lucidez de invocar “una concepción que tienda a articular la problemática particular de la educación con el carácter pauperizador del capitalismo en su totalidad” . Pero lo que debe importarnos no son tanto estas críticas fortuitas, sino la falta de crítica en torno a los temas de fondo, ahí donde todo el mundo parece estar de acuerdo en que la universidad debe ser “reformada”, “devuelta al estado”, “pública”, etc. Estas mistificaciones básicas, compartidas por liberales, progresistas y ultra-izquierdistas, expresan el sentir común de todos esos estudiantes que una vez más se dejaron movilizar por las burocracias tras unos objetivos que apenas entendían, y que con la misma facilidad se dejarán desmovilizar en pos del regreso a la normalidad. Ese trasfondo ideológico común compartido por burócratas, estudiantes e izquierdistas es la creencia ingenua, muy pequeño-burguesa, de que la universidad es un patrimonio de los explotados, un bien que les fue injustamente arrebatado para entregárselo al “neoliberalismo”.

Esta creencia no es un simple dato periférico en el sentido común de las masas y de las minorías militantes: es el centro de su pensamiento y de su acción, y es lo que determina sus objetivos políticos, concientes o no. Es lo que ha llevado a los trotskistas a reivindicar una “reforma universitaria II” y a los p recarios a hablar de “nuestra universidad”, ese “espacio común” donde burócratas, autoridades políticas y estudiantes deben identificarse “en un mismo recorrido”, mientras el apoyo ciudadano a estas ficciones no para de crecer. Obviamente, estas aspiraciones reformistas encierran genuinos deseos humanos de transformar la realidad, de vivir con dignidad y del modo más libre posible, de realizarse socialmente. Esos deseos, esa voluntad de vivir de un modo humano, es la base de lo que nosotros llamamos comunismo . Pero al expresarse políticamente, esa voluntad debe saber crear su propio lenguaje y su propia práctica, contrarios al mundo de la cuantificación mercantil y de la democracia de clases. Pensamos que hasta ahora eso no ha ocurrido, y que por el contrario, los deseos de transformación en la universidad han sido conducidos por los defensores de la estabilidad capitalista, poniendo a estudiantes, padres y maestros en contra de sus propios intereses como clase sometida a los arbitrios de la economía. Naturalmente, esta alienación política ha estado llena de fisuras en lo práctico y en el campo de las ideas, fisuras por donde ha brotado la radicalidad que anuncia un rechazo generalizado a la enajenación. Reconocemos esos brotes de negatividad radical, pero sobre todo nos interesa criticar la tendencia dominante hacia la pasividad organizada, la ingenuidad política y la sumisión conformista al mercado.
La ideología de la “educación pública”, estatista por definición, es lo que ha permitido a los centros de mando burocrático movilizar y apaciguar a los estudiantes a su antojo durante décadas, impidiendo que éstos definan sus propios objetivos políticos de acuerdo a la realidad que viven cotidianamente como sujetos alienados. Esto hace que las movilizaciones estudiantiles no tengan en realidad nada de espontáneo. Hay que recordar el patrón que han seguido invariablemente desde la gran oleada reivindicativa del 97 para darse cuenta de que las burocracias estudiantiles, manejadas por el gobierno, la derecha y la izquierda burocrática, no cumplen otra función que la de provocar agitaciones para mantenerlas bajo control y finalmente apaciguarlas, a la espera de neutralizar a una nueva generación de incautos. Es muy revelador que tanto en el 97 como en el 2000, en el 2002 y ahora, cada generación de estudiantes ha estado convencida de que la suya es la movilización definitiva, la más crucial de todas, “la que decidirá el destino de la educación superior en Chile”, ignorando que en todas las crisis anteriores se dijo exactamente lo mismo para llegar a los mismos resultados. Este ilusionismo político cumple dos funciones bien claras: una, estimular la combatividad de los estudiantes más inconformes para luego dejar que se consuma en acciones aparentemente radicales, pero sin objetivos propios; la otra, desplazar la línea de choque desde el terreno de las miserias cotidianas que hay que combatir, hacia el terreno de las negociaciones democráticas, donde todos deben delegar su iniciativa en las burocracias, y donde se crea una falsa comunidad de intereses que encuadra bajo una misma bandera a estudiantes, burócratas, asalariados de la enseñanza y partidos pequeño-burgueses, todos en defensa de ese ensueño maravilloso llamado “educación pública”.
¿Pero cuándo ha sido “pública” la educación universitaria? Cuando había que impulsar la expansión capitalista en un contexto mundial de proteccionismo keynesiano, cuando había que adiestrar a masas de futuros asalariados para tareas productivas y de gestión en un marco de desarrollo nacional. Lo cual duró hasta el instante en que las últimas hilachas del estado protector fueron arrojadas al basurero de la historia, para entrar en una nueva fase de acumulación capitalista, necesitada de mano de obra experta en un marco de competitividad extrema. Si entendemos que todo desarrollo histórico es irreversible, ¿cómo pueden pretender que se superará el capitalismo reviviendo formas jurídicas propias de una fase anterior de su desarrollo? La pretensión de “recuperar la universidad pública”, hija de la pretensión más general de “humanizar” el capitalismo, esconde el interés de la pequeña-burguesía por ganar cuotas de poder dentro del orden capitalista, y nada más. Si la universidad aparece como un terreno donde ese interés se expresa con tanta fuerza, es porque la universidad es el espacio natural de desarrollo y legitimación del poder burocrático. Allí es donde mejor se cultivan la mediocridad, la ignorancia y el arribismo que caracterizan a todas las burocracias; y es allí donde la ideología política y los horizontes existenciales de la burocracia deben arraigar con mayor fuerza, para asegurar la lealtad de los jóvenes proletarios que pronto se convertirán en sus cuadros expertos. Cuadros que desde ya parecen dispuestos a luchar con bravura para que sea el estado, y no el mercado, quien les someta.
Al conocer las reivindicaciones de los estudiantes, uno se pregunta: ¿qué aspiraciones tienen, qué quieren hacer con sus vidas? La respuesta está en los muros de sus facultades tomadas, en sus papelógrafos, en sus panfletos: una y otra vez le reprochan a los gobernantes actuales el haber estudiado gratis, pero nadie les reprocha el ser gobernantes, y nadie parece reparar en que la institución que formó a personalidades como Lagos y Bitar - tan estúpidas, mezquinas y útiles al capital - fue precisamente la universidad en su momento de mayor gloria populista. A la mayoría de los estudiantes parece no molestarles estar sometidos a un orden que los trata como monos amaestrados, y que los deformará hasta convertirlos en nulidades, quizás hasta en gobernantes... lo que les molesta es tener que pagar demasiado por ese servicio. Y ese nivel tan bajo de aspiraciones vitales es el que todos los poderes están empeñados en mantener, promoviendo agitaciones domesticadas para evitar que la insatisfacción de miles de jóvenes encuentre un terreno de expresión fértil en la realidad más inmediata: allí donde los asalariados del conocimiento son explotados, allí donde a los estudiantes se les humilla y engaña, vendiéndoles destrezas que los esclavizarán de por vida.
Después de todo, ¿qué importancia objetiva puede tener un nuevo sistema de cobranza de créditos, frente a la desposesión absoluta de sus vidas que padecen los universitarios, sus padres y sus instructores? El hecho de que en su mayoría se consideren “privilegiados” por su nivel de consumo, y que un recrudecimiento de los cobros parezca amenazar ese privilegio, no cambia en nada el hecho de que, en rigor, carecen por completo de soberanía para decidir el contenido y la finalidad de sus vidas. Su existencia está normada hasta el último detalle por el mercado, y en eso son iguales a todos los esclavos asalariados, desempleados, hambrientos, putas, locos y delincuentes que pueblan la tierra. Son proletarios , por más que sus títulos digan que son “profesionales”. ¿O es que un esclavo deja de ser esclavo cuando se compra grilletes de oro? Al contrario: ahora está personalmente interesado en defender sus grilletes, por lo tanto su esclavitud es mayor. Ese interés del esclavo en mantener su propia esclavitud es el mismo interés que mueve a los universitarios cuando luchan por conservar el status que la sociedad de clases les ha otorgado. Las burocracias estudiantiles, los medios de comunicación, los partidos progresistas, están ahí para convencerlos de que redoblen su interés en esas migajas que el poder les concedió, de que luchen por mantener intactas sus cadenas. En relación con ese objetivo político de gran altura, el objetivo contingente de cada movilización importa poco. ¿Qué más da si se trata de un nuevo arancel, de una nueva tarifa, de un nuevo recorte presupuestario, de una nueva acreditación, cuando lo que está en juego es la perpetuación de la mentalidad que garantiza la esclavitud asalariada?
En concreto, la ley de acreditación contra la que se movilizó a los estudiantes para luego hundirlos en la derrota, no agrega nada sustancialmente nuevo a las condiciones que los egresados siempre han tenido que soportar, porque las deudas crediticias siempre han implicado su resignación a una gran variedad de humillaciones: retención de títulos, intereses usureros, reajustes abusivos, fichaje comercial, embargos, etc. Esta ley sólo formaliza la existencia de un nuevo intermediario en el proceso de cobros, y por más que eso significara un aumento del monto final a pagar, ese monto sería una insignificancia comparado con el robo sistemático de vida del que son objeto los estudiantes y asalariados de la enseñanza. Pero ¿acaso nos importa todavía de qué está hecha nuestra propia vida? Si todos parecen dispuestos a luchar por unas cuantas migajas económicas, pero no por el poder de decidir su destino, es porque ya casi nadie sabe valorar su existencia más que midiéndola en cantidades de dinero. La cuantificación y abstracción de la vida ha llegado a tal extremo que luchar por realidades a las que no se les puede poner precio resulta casi inimaginable.
Pero si ponemos en el centro de nuestras preocupaciones las vidas humanas, y no a qué precio se transan en el mercado, tenemos que preguntarnos: ¿qué significa una lucha donde jefes y mandados forman una misma comunidad de intereses, marchando tras una misma bandera, en pos de frenar una ley sin importancia? Está muy claro: la banca hizo un negocio conveniente con el gobierno de Lagos, que podía prever una reacción defensiva en las universidades, con lo cual, además de los beneficios económicos directos, tendría un campo de pruebas para sus maniobras políticas y policiales, terreno en el que la izquierda burocrática también tiene mucho que decir. La Concertación pierde algunos votos que van a parar a la izquierda, los estudiantes se movilizan en vano y tienen que esperar tres años más para recobrar fuerzas, las burocracias estudiantiles afianzan su poder... El hecho de que los pacos hostiguen y repriman a un puñado de dirigentes estudiantiles no desmiente lo que afirmamos: se trata sólo de un castigo circunstancial para recordarles que no se excedan en la función que les toca cumplir dentro del protocolo democrático. Un ajuste de cuentas entre colegas, que al fin y al cabo sólo refuerza la nefasta ilusión de que esos dirigentes representan los intereses de sus dirigidos. El efecto más importante de todo esto es que el conjunto del sistema de dominación espectacular ha quedado reforzado tras la puesta en escena de una “lucha” en que las reglas de hierro de la democracia, que nunca fueron puestas en duda, aparecen una vez más como intocables.
Es cierto que en el curso de cada movilización se han producido rupturas por la base, coordinaciones que tienden a superar los límites permitidos, discusiones políticas radicales; y es notorio que en cada nuevo conflicto la auto-organización ha ejercido mayores presiones, pujando por formular sus propios objetivos políticos y sus propios métodos de lucha, contra todo encuadramiento burocrático. En las últimas jornadas se multiplicaron las acciones directas de todo tipo, a la vez que se organizaba una amplia difusión, se creaban coordinaciones entre estudiantes y trabajadores, se fortalecía la toma de decisiones en asambleas, etc. Aún así, a estos esfuerzos de auto-organización les sigue faltando lo esencial: la conciencia de sus propios objetivos globales, que tarde o temprano enfrentarán a los estudiantes y asalariados de la educación contra sus enemigos más directos: los burócratas y los propietarios del sistema. Mientras eso no ocurra, las luchas estudiantiles seguirán siendo despolitizadas, reducidas a un reivindicacionismo cagón, canalizadas hacia objetivos reaccionarios: nacionalismo, desarrollismo, estatismo; y los progresistas que protegen este orden seguirán invitándonos a “defender la universidad” de la privatización, igual que si nos llamaran a defender “nuestro ejército” o “nuestro sistema penitenciario”, en nombre de “Chile”, ese fundo democrático en que nos toca ser los peones educados. Cuando los estudiantes rompan con esas ideas e instituciones que los encadenan a una existencia mediocre y sin horizontes, y los asalariados de la enseñanza se nieguen a seguir vendiendo sus capacidades al mercado, entonces descubrirán que la universidad nunca les perteneció, sino que ha sido la cinta transportadora a través de la cual ellos fueron vendidos al poder del dinero; descubrirán que la universidad, como todo el sistema de enseñanza, los ha reducido a nada más que dóciles engranajes del mecanismo ciego que hace girar la economía.
A la universidad, esa institución arcaica, patriotera y desarrollista, principal arma ideológica del capital, no hay que defenderla, hay que destruirla . Sólo cuando los proletarios que padecen la “educación superior” se decidan, junto con sus padres y profesores, a desmantelar esa maquinaria trituradora de mentes, sólo entonces podrán decir que están luchando. Y cuando den el primer paso de esa lucha, que será derrocar a sus representantes burocráticos para generalizar la auto-organización y la lucha de clases, recién entonces el rechazo a la educación de mercado tendrá un contenido real, pues habremos empezado a barrer con las relaciones jerárquicas y mercantilizadas que nos separan de la vida social como un todo. Entonces la palabra “universidad”, aplicada a estas organizaciones de la ignorancia experta, va a sonar como lo que realmente es: un chiste.
Hay que empujar la lucha estudiantil más allá de sus propios límites, hacia el conjunto de luchas de nuestra clase, rompiendo con las falsas separaciones entre «estudiantes», «trabajadores», «pobladores», «cesantes»... para que todos los explotados luchemos como un solo puño contra lo que nos oprime, hasta que sea imposible volver atrás. Entonces los jefes burocráticos universitarios y sindicales aparecerán como lo que realmente son: policías del estado capitalista, y nosotros estaremos por fin obligados a amar la libertad, nos veremos empujados a renunciar a las migajas y, de una vez por todas, a luchar de pie. No por una posición más ventajosa dentro de esta sociedad desgraciada, no por un mejor precio para nuestras cabezas, sino por la abolición de todo lo que nos niega como sujetos humanos: la división de la sociedad en clases, el trabajo asalariado, el dinero, el estado. Ese es el único camino hacia la verdadera comunidad humana, activa y universal: el comunismo.

Brigada de agitación comunista, Junio del 2005 – briagicom@yahoo.es

12.10.05

Cómo ataqué a "Chi l'ha visto?" y puse a la policía de la RAI a la deriva por Luther Blissett

Buscando a Harry Kipper

Chi l'ha visto? es un programa semanal de televisión emitido en hora-punta por la televisión pública italiana (RAI). Su sucia misión consiste en encontrar a personas perdidas, adolescentes que dejan su hogar, esposas que abandonan al marido y los niños, pacientes escapados del manicomio e incluso rufianes en búsqueda y captura. La redacción es como una especie de Brigada Antivicio, y la presentadora Giovanna Milella la personificación maligna de los valores de salud y hogar que cualquiera que ame la libertad desprecia. El nombre del programa significa en italiano "¿Quién sabe dónde?"; a decir verdad la parte principal en la caza del hombre es llevada a cabo por el público, al que Milella exhorta a llamar al programa y cooperar. El estudio se llena a rebosar de padres que gritan, esposas o maridos enojados, psiquiatras, parientes y amigos de la persona perdida etc. En enero de 1995 Luther Blissett se propuso darle un palo a Chi la visto? y poner a la policía de televisión en la picota de los chismes de los medios de comunicación.

Cómo ataqué a "Chi l'ha visto?"y puse a la policía de la RAI a la deriva

En Italia corre el rumor de que un body-artista británico llamado Harry Kipper se apropió del nombre de un jugador del fútbol jamaicano de principios de los ochenta. Al principio Kipper lo utilizó como una marca personal para firmar sus propias performances, luego decidió convertir a Blissett en un 'personaje abierto' cuya fama fuese recreada indefinidamente por cualquier interesado. Cualquie-ra puede ser Luther Blissett simplemente adoptando el nombre y difundiendo nuevos rumores.
Se sabe efectivamente algo de un Harry Kipper, performer y body-artista "extremo" de los años 70 del que se citan algunas performances en la historiografía del punk, pero no se sabe qué fue de él. Cuando se puso en marcha el proyecto Blissett, se había vinculado el nombre de Kipper en Gran Bretaña a lo poco que se conoce de su vida y se había creado un mito, una ficción cuya combustión debía prender el nombre múltiple.
Una vieja casa de Londres se convirtió, en la iconografía blissettiana, en la residencia de Kipper. Un rostro construido por ordenador morpheando fotografías de los años 40 sirvió para poner en circulación por internet "la única imagen verdadera de Harry Kipper". Otros habían añadido teselas al mosaico de su personalidad atribuyéndole escritos, entrevistas y declaraciones. Este Kipper tenía ya muy poco que ver con el "verdadero" (apenas parte de su pasado). El nombre colectivo se desarrollaba en dos planos de simulación: un personaje virtual buscaba colabor-acciones REALES para crear otro personaje virtual cuyas acciones tendrían consecuencias y efectos REALES. Y nadie desde entonces hasta hoy puede ya decir lo que hay en él de verdadero o falso. En diciembre de 1994, jugando con el propio mito fundador, Luther Blissett tuvo la brillante idea de injertar sobre la desaparición efectiva del "verdadero" Kipper la desaparición (mediatizada y amplificada) de su homónimo durante un viaje a Italia. Ello aseguraría, con la ausencia declarada de lo que -en cierto sentido- nunca estuvo presente, el completo olvido del origen del proyecto Blissett (así como de su origen instrumental, de su teogonía impulsora), como suele suceder en las leyendas metropolitanas.
En el primer plano de simulación (el de la narración fundante) el suceso sería una metáfora: Kipper organiza su performance más enigmática: decide DESAPARECER; el Sujeto (el "Artista" de la representación ideológica burguesa) se pierde, pero se pierde porque nunca había existido más que como efecto óptico. Kipper quiere subrayar que TODAS las reacciones son colectivas, que no existe el "Genio" individual agraciado con la Inspiración, sino una gran Performance Global multiforme -de la que el proyecto Luther Blissett es a su vez una alegoría- basada en la infinita e inconsciente circulación y socialización del saber y de la "inspiración". TODOS (conscientemente o no) TOMAN PARTE AL CREAR TODO, no existe propiedad privada de las ideas. Kipper opera por tanto una DES-SUJECCIÓN del nombre múltiple de su propia tutela embarazosa, pone en práctica el nietzscheano "¿Qué importo yo?"
En el segundo nivel de simulación (el de la COOPERACIÓN EN RED), la desaparición de Kipper serviría para comprobar la "noticiabilidad" y la permeabilidad de los medios y la capacidad de Blissett para organizarse a nivel transnacional.
Se procuró que la historia de la desaparición de Kipper fuese coherente, pero no demasiado (porque la realidad es a menudo incoherente), cada uno se ocupó de un punto específico, se produjo una documentación verosímil, pero en su mayor parte inverificable, de tal forma que lo que era verificable tuviese tanta relevancia simbólica que convalidase el resto. Con este material, la noche del 2 al 3 de enero de 1995 Luther Blissett consiguió atravesar el filtro de ANSA, una agencia nacional de prensa que difundió la noticia desde su oficinas en Udine, Friuli, Italia Noroccidental.
El 4 de enero todos los periódicos regionales recogían la noticia, repitiendo casi textualmente el fax que habíamos enviado a ANSA.

De Il messaggero veneto de Udine, 4 de enero de 1995, primera página:

UN ARTISTA DESAPARECE: S.O.S. DESDE LONDRES A FRIULI

Visto por última vez en Bertiolo - Recorría Europa en una bicicleta - ¿Se desvió hacia Bosnia?
Artistas de Bolonia y de Londres se preguntan por los últimos movimientos de un artista inglés. Se trata de Harry Kipper, de 33 años, 1.75, cabello rojo oscuro y magnéticos ojos verdes. Según Federico Guglielmi de Bolonia, Kipper, que con el pseudónimo Luther Blissett hacía también espectáculos callejeros de magia e ilusionismo, fue visto por última vez en Bertiolo cuando supuestamente se dirigía a Trieste.
A mediados de octubre Kipper telefoneó a su amigo el novelista londinense Stewart Home y le dijo que estaba en Bosnia. Esa fue su última llamada. Según artistas italianos que le conocían, Kipper recorría Europa en una bicicleta de montaña para poner en práctica una idea del Friulan Piermario Ciani: unir varias ciudades con una línea imaginaria que deletrearía finalmente la palabra "ART". En verano Kipper se había alojado en casa de Ciani. A primeros de septiembre se desplazó a Trieste, pero al parecer nunca llegó allí. Desde 1991 Kipper ha estado realizando esta performance de "turismo psicogeográfico" trazando la "A" desde Madrid a Londres y Tolone; había llevado los dos veranos siguientes completar la "R" a través de Bruselas, Bonn, Zurich, Génova y Ancona. Por fin, en 1994 empezó con la "T": después de alcanzar Trieste se desplazaría a Salzburgo, Berlín, Varsovia y volvería de nuevo a Amsterdam. Al parecer hizo un desvío inexplicable hacia Bosnia y desapareció.
Un artículo de Il Flautín contenía más detalles:

[...] Una vez llegado a nuestra región, Kipper decidió trazar imaginariamente la palabra "ART" también en Friuli, empezando en Pordenone. Pasó por Maniago, Sauris y Codroipo para trazar la "A", luego por Tolmezzo, Gemona, San Daniele y Mortegliano para la "R", y finalmente por Udine, Pontebba, Tarvisio y Treppo Carnico para la "T". Después regresó a Bertiolo [...]

La historia que habíamos enviado a ANSA se completaba con un retrato de Kipper, mapas psicotopográficos de los proyectos "ART IN EUROPA" y "ART IN FRIULI", testimonios de "artistas" que habían alojado a Kipper durante su estancia en Bolonia (en realidad la mayoría de ellos eran anarquistas, transmaníacos, psicogeógrafos, etc.) y una cinta de audio con la voz de Kipper. Todos estos elementos eran "verdaderos", lo que hacía falsa la narración completa era sólo su arbitraria interrelación. El 6 de enero la redacción de Chi l'ha visto? llamó al número de teléfono de Bolonia que Luther había dado a ANSA como referencia: decían que estaban "fascinados" por el personaje de Kipper y que querían hacer un reportaje sobre su "atmósfera cultural", siguiendo sus huellas a través del ambiente "neoísta" y psicogeográfico de Bolonia, Udine y Londres. Luther aceptó tras una rápida consulta telefónica a sus homónimos de Londres, Bolonia y Friuli. El 10 de enero la troupe llegó a Bolonia, rodó horas y horas de material sobre el "movimiento", el nombre colectivo y la Associazione Psicogeografica di Bologna, reconstruyendo los movimientos y relaciones de Kipper en Bolonia en 1994 (poco antes de su desaparición) y constatando la influencia que había ejercido sobre los llamados "transmaníacos" y sobre toda la escena bolognesa. Esto es aproximadamente lo que contestamos a sus preguntas:
Kipper estuvo en Bolonia del 29 de junio al 8 de julio. En esos diez días asistió a la fundación de la Associazione Psicogeografica di Bologna y propuso que todos sus miembros adoptasen el nombre múltiple. Después se dirigió a Ancona y la Riviera Adriática. El 10 de agosto llegó a Udine, donde encontró a Ciani (que era el que había concebido la performance) en los estudios de Radio Onde Furlane. Ciani le propuso que se quedase algún tiempo y trazase la palabra "ART" también en Friuli. Tres días después Kipper se trasladó de Bertiolo a Pordenone para empezar a trazar la "A". Pasadas dos semanas volvió a Bertiolo y dijo que había completado la palabra, pero parecía inexplicablemente deprimido. La primera semana de septiembre se dirigió a Trieste. Nadie supo más de él hasta que llamó a Stewart Home. Después de otro mes de silencio, Stewart nos llamó por teléfono para que empezásemos a investigar.
En enero todavía no era conocido el carácter subversivo de la APB y de Luther Blissett, así que tratábamos de disfrazarnos de "artistas". Un miembro del equipo llamado Fiore di Rienzo nos dijo que la redacción suponía que la desaparición era una especie de performance de Kipper. ¡Pobres idiotas! Al día siguiente la policía de televisión llegó a Udine, donde los camaradas locales confirmaron nuestro relato sobre los movimientos de Kipper. Éste es el brevete con el que un periódico local (Il gazzettino del Friuli, 1/12/1995) informaba de la presencia en el pueblo de Chi l'ha visto?:

"CHI L'HA VISTO?" TRAS EL RASTRO DE KIPPER

"Chi l'ha visto?" sigue las huellas de Harry Kipper, el performer inglés que desapareció en Friuli hace algunas semanas. Ayer un equipo del programa de RAI3 vino al pueblo para indagar más detalles sobre la persona que acordó con Friulan Piermario Ciani una performance conceptual consistente en un recorrido en bicicleta con el que querían unir varios pueblos de Friulan y componer la palabra "ART" en el mapa. El equipo visitó Radio Onde Furlane, que antes de Navidad transmitió algunas pistas para encontrar a Harry Kipper y entrevistó a Paolo Cantarutti de la revista Usmis (donde Ciani había publicado el mapa de la performance) y al mail-artista Alberto Rizzi de Rovigo, conocido de Kipper. Según el director del programa, esta desaparición sería sólo una obra de arte conceptual llevada a cabo por el artista británico.
Dos días después la troupe voló a Londres y entrevistó a Stewart Home y a Richard Essex de la London Psychogeographical Association. Stewart y Richard les enseñaron la antigua casa de Kipper (un edificio medio demolido en alguna parte de East End).
El reportaje estaba listo para ser transmitido cuando una notificación de la policía de televisión hizo que se suspendiese. Desgraciadamente un colaborador de Chi l'ha visto? que vivía en Udine se había topado por casualidad con el rumor popular de que la "desaparición de Kipper" era invención de los camaradas de Usmis y de Radio Onda Furlane (en complicidad con los boloñeses y los londinenses) basada en una performance psicogeoturística análoga que se remontaba a hacía un año. Era obviamente una mentira calzada sobre otra (debido a que las leyendas urbanas, como es justo que suceda, se autonomizan y avanzan por sí mismas), pero bastó para alertar a la redacción de Chi l'ha visto. La eventual sospecha de uno de los miembros del equipo de que se trataba de una performance se convertía ahora en la certeza generalizada de que la propia existencia de Kipper era una farsa. La redacción decidió no arriesgar su reputación y sustituyó el reportaje anunciado justo a tiempo.
De todas formas su maniobra fue inútil, porque ya habíamos enviado la historia a los periódicos nacionales. El caso apareció con titulares como "Ciber-broma a 'Chi l'ha visto?'", "Volvieron loca a Milella", "¡Buscando a un Kipper inexistente!" etc. Los periódicos publicaban citas de nuestra declaración explicativa:

[...] no queríamos sólo desacreditar el programa, sino también confundir su olfato de sabuesos y hacer que perdiesen su tiempo siguiendo a una persona inexistente para que los fugitivos reales pudiesen quedar en libertad [...] (Il Resto del Carlino 1/20/95).
Chi l'ha visto? es una expresión nazi-pop de la necesidad de control [...] (L'Unità, 1/21/95).

Éste es el final de un artículo aparecido en Il Gazzettino (1/20/95):

Este nombre, Luther Blissett, es utilizado como seudónimo múltiple para firmar y reivindicar acciones contraculturales, manifestaciones, boicots y notas de prensa con el propósito de crear un mito basado en la incertidumbre y la oscuridad. Es imposible encontrar a un único autor de la farsa [...]Todos somos víctimas de Luther Blissett, pero somos también cómplices y nadie en particular es responsable. Es algo que da que pensar, Blissett casi llega a televisión".

Y éste es el final de nuestra declaración (Come fu che Luther Blissett quasi arrivò a 'Chi l'ha visto?', Bolonia, 1/16/1995):

"Ésta es la prueba más clara de la efectividad de estrategias como los nombres múltiples, que permiten que muchos sujetos revolucionarios diferentes colaboren sin desconfianza identitaria o sospechas paranoicas, de forma que puedan influir fácilmente en la imaginación colectiva. Es mucho mejor esto que quejarse inútilmente de la omnipotencia del espectáculo. ¡Bienvenido Luther Blissett"!.
Luther Blissett es el nombre propio de una persona que puede ser cualquiera. El nombre está definido, pero no la gente que lo utiliza. Cualquiera puede convertirse en Luther blissett simplemente adoptando el nombre, pero solamente se es Luther Blissett durante el periodo en que se utiliza el mismo. Cuando alguien se convierte en Luther Blissett, la existencia anterior de uno mismo consiste en los actos que otras personas emprendieron usando el nombre. Cuando se pasa a ser Luther Blissett, no se tiene familia, padres o fecha/lugar de nacimiento. Luther Blissett no nació, ella/él se materializó de fuerzas sociales, se construyó como medio para entrar al terreno movedizo que circunscribe al "individuo" y a la sociedad.
El nombre de Luther Blissett se puede asumir estratégicamente para una serie de acciones, intervenciones, exposiciones, textos, etc. Cuando se contestan cartas provocadas por una acción/texto en el cual se ha utilizado el contexto, entonces tiene sentido continuar usando el contexto, e.g. contestando como Luther Blissett. Con amistades personales, cuando se tiene una historia personal además de los actos asumidos por aquellas personas que utilizan el nombre de Luther Blissett, no tiene sentido utilizar el contexto. Si se utiliza este en la vida privada, existe el peligro de que el nombre de Luther Blissett se vea excesivamente identificado con individuos concretos.

LA RAÍZ Y EL RIZOMA
(La alteridad se defiende por sí misma)
Dos estructuras enfrentadas, la estructura de la Raiz es la estructura del Estado, el Rizoma representa la Alteridad. La Raíz tiene dos características: una estructura jerárquica y una especialización de sus componentes. Cuando una Raíz es atacada en sus puntos vitales, toda la Raíz muere o se vuelve inoperante. Una Raíz es incapaz de efectuar mutaciones rápidas debido a la especialización de sus componentes y a la comunicación lineal de estos: un mensaje que llega desde un punto 'A' a un punto 'E' debe atravesar 'B', 'C' y 'D' sucesivamente.
En la Raíz cada componente tiene cualidades intrínsecas, al igual que las piezas de ajedrez, cada componente tiene un valor dependiente a su relación con otros componentes dentro del Sistema.
Por último, la Raíz no está definida como totalidad en cada uno de sus componentes sino en sus componentes como conjunto dentro de un sistema cerrado de relaciones. Un elemento de la Raíz no representa a la Raíz como conjunto pues nunca puede poseer sus cualidades, jamás un elemento de la Raíz puede resucitar a toda la Raíz porque, paradójicamente, necesita de la Raíz para ser funcional.
Por otro lado, en un Rizoma ningún elemento tiene una especialización intrínseca al sistema, cada elemento cambia de función según las necesidades del momento. Al igual que las piezas de GO, cada elemento tiene un valor situacional y no un valor intrínseco o inherente a sí mismo. Todo elemento del Rizoma esta en contacto con todos lo demás elementos del Rizoma en una comunicación no lineal. Cada elemento del Rizoma es capaz de hacer resurgir al Rizoma pues cada elemento posee en sí mismo todas las características de este. No es posible encontrar un punto vital al que sea posible atacar y matar a todo el Rizoma: un Rizoma puede prescindir de cualquiera de sus componentes sin volverse inoperante.
Luther Blissett